Sostenibilidad urbana
Las ciudades concentran más de la mitad de la población mundial y generan aproximadamente el 70% de las emisiones de carbono, lo que las convierte en un campo de batalla crucial para la sostenibilidad. Sin embargo, el concepto de “ciudad sostenible” sigue atrapado entre idealismos arquitectónicos y realidades sociopolíticas complejas. ¿Es posible hablar de sostenibilidad urbana sin cuestionar los modelos de crecimiento económico, movilidad y vivienda que han definido las metrópolis modernas?
Uno de los retos principales es el crecimiento urbano descontrolado que prolifera en muchas regiones del sur global. Las periferias crecen al margen de la planeación formal, consolidando asentamientos informales sin acceso a servicios ni infraestructura. A pesar de los discursos oficiales, muchas veces la intervención del Estado en estas zonas se limita a políticas de contención o criminalización, en vez de inclusión. La sostenibilidad, en este contexto, no puede reducirse a soluciones tecnológicas como edificios verdes o transporte eléctrico, sino que debe incorporar una perspectiva de justicia urbana.
En las ciudades del norte global, por otro lado, la gentrificación es un síntoma de la paradoja urbana: se introducen innovaciones sustentables en barrios históricamente marginados, pero eso dispara el costo de vida y termina desplazando a las comunidades originarias. En lugar de ser beneficiarios de la sostenibilidad, los habitantes originales se convierten en víctimas del “progreso verde”. Así, la sostenibilidad se convierte en un privilegio, en lugar de un derecho común.
Además, el paradigma dominante de movilidad sigue priorizando al automóvil, lo que genera externalidades negativas en términos de salud, tiempo y cohesión social. Pocas ciudades han logrado apostar de manera contundente por infraestructuras peatonales y ciclistas, o por un transporte público verdaderamente digno. La ciudad del futuro no puede seguir funcionando con la lógica de la eficiencia extractiva, sino que debe repensarse desde la cercanía, la diversidad y la resiliencia comunitaria. La verdadera sostenibilidad urbana no nace del concreto ni del silicio, sino de decisiones éticas sobre cómo queremos convivir.