Naturaleza y economía del dominio: los animales como recursos imperiales

Cuando los europeos llegaron a América, no lo hicieron solo para explorar o conocer. También llegaron con la intención de explotar los recursos naturales del continente. En este contexto, el Bestiario de Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo cumple una función muy clara: mostrar qué animales podían ser útiles para el Imperio. Por eso, muchas de sus descripciones no son solo sobre cómo lucen las criaturas, sino sobre lo que pueden ofrecer. Carne, piel, fuerza, aceite, curiosidad… todo se evalúa con base en su posible aprovechamiento.

Oviedo no escribe como un naturalista moderno que estudia por interés científico. Es más bien un funcionario imperial que recopila información para informar a la Corona. Su bestiario funciona como una guía de recursos del Nuevo Mundo, donde cada animal se convierte en un bien potencial para la economía española. Esta lógica se nota claramente cuando describe los peces que se pueden pescar con facilidad, los mamíferos que ofrecen buena carne o los reptiles que pueden usarse para fabricar objetos.

Al mirar el texto desde esta perspectiva, se entiende que el Bestiario no es solo zoología, es también una forma de cartografía económica. Gonzalo clasifica a los animales según su utilidad para el imperio: si sirven para alimentar a los soldados, si pueden exportarse a Europa, si pueden criarse en tierras conquistadas. Los animales dejan de ser parte del ecosistema para convertirse en herramientas de trabajo, fuentes de riqueza o productos de comercio.

Esta forma de ver la naturaleza también deja fuera algo importante: el papel que esos animales ya tenían en la vida de los pueblos originarios. Muchos de ellos eran considerados sagrados, formaban parte de mitos, tenían usos medicinales o eran esenciales para el equilibrio ecológico. Pero Oviedo no siempre muestra interés en esas relaciones. Prefiere observar desde su perspectiva europea, en donde el valor está en lo que se puede medir, vender o producir.

El problema de esta visión es que convierte a la naturaleza americana en un almacén sin dueño. Oviedo muchas veces describe tierras “vacías”, animales “inútiles” o recursos “abandonados”, como si no tuvieran dueño ni significado. Con esa narrativa, la colonización se presenta como algo natural, incluso necesario: si esos recursos no eran aprovechados, entonces los europeos “debían” venir a usarlos. Así, la economía se convierte en una justificación para el dominio.

Este pensamiento sigue vigente en muchas partes del mundo, donde los recursos naturales se extraen sin respetar la vida de las comunidades locales ni el equilibrio del medio ambiente. Por eso, leer el Bestiario de Indias también puede ayudarnos a pensar en los problemas actuales relacionados con la explotación de la naturaleza: ¿quién decide qué es útil y qué no?, ¿quién gana con la explotación y quién pierde?, ¿se puede hablar de desarrollo sin respeto al entorno?

A través del bestiario, Oviedo no solo muestra animales nuevos. También deja ver una forma de pensar donde la naturaleza solo tiene valor si puede servir al proyecto económico de los conquistadores. Esa mentalidad no ha desaparecido del todo. Por eso, es importante revisar estos textos con cuidado y cuestionar la idea de que todo puede ser controlado o vendido.

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