Memoria, archivo y relato: el bestiario como historia del poder
Más allá de ser un catálogo de animales, el Bestiario de Indias también es un archivo. Es decir, un lugar donde se guarda una forma particular de ver el mundo y de contar la historia. Oviedo no solo describe a las criaturas que encuentra o que le cuentan: también organiza esas historias según lo que considera importante. Esa organización no es neutral. Está guiada por su visión del mundo, sus creencias religiosas, su fidelidad al Imperio y sus ideas sobre lo que significa la “civilización”.
Por eso, el bestiario debe leerse como algo más que una simple colección. Es una herramienta para construir una memoria oficial. En ese archivo, América aparece como un lugar raro, maravilloso, desordenado. Un espacio sin historia antes de la llegada de los europeos. Así, el texto borra o minimiza el conocimiento que los pueblos originarios ya tenían sobre los animales, las plantas o el entorno.
Oviedo escribe desde el poder. No es un viajero cualquiera. Es un cronista con la misión de mostrar a España lo que hay en estas tierras. Y lo hace desde su punto de vista, sin consultar demasiado otras versiones. Las historias que recoge las organiza como si fueran verdades, aunque muchas están basadas en rumores, exageraciones o confusiones. Aun así, quedan escritas, impresas, convertidas en “verdad” durante siglos.
Por eso se dice que los textos como el Bestiario también son herramientas de control simbólico. Nombran, ordenan, catalogan. Y al hacerlo, van dejando fuera muchas voces. La naturaleza se convierte en paisaje, los animales en productos, los indígenas en personajes secundarios. Todo se acomoda para crear una versión del mundo en la que Europa tiene la razón y América necesita ser guiada.
Este proceso de transformar la experiencia en relato tiene consecuencias. Porque lo que queda escrito se recuerda. Y lo que no se escribe, se olvida. En este sentido, el bestiario también es una forma de escribir la historia. Una historia que muestra lo que Oviedo vio o creyó ver, pero que deja fuera otros conocimientos, otras formas de vivir, otras maneras de explicar el mundo natural.
Hoy sabemos que ningún archivo es completamente neutral. Todos tienen una intención, un enfoque, una ideología. El bestiario de Oviedo es un buen ejemplo de eso: es una memoria hecha desde el poder, para servir al poder. Pero eso no significa que deba ser descartado. Al contrario, debe ser leído con cuidado, con ojos críticos, buscando entender cómo se construyó esa mirada, qué quiso mostrar y qué decidió ocultar.
Estudiar este tipo de textos nos ayuda a pensar en las historias que se cuentan y en las que no. Nos invita a preguntarnos quién escribe, para quién escribe y con qué propósito. Porque toda historia tiene una intención. El bestiario de Indias no solo nombra animales. También ordena el mundo para que se parezca a lo que el Imperio quería ver. Y al hacerlo, nos deja una huella clara de cómo se mezclaron la ciencia, la política y el poder en los primeros años de la colonización.