La interpretación de la historia, el relativismo y más...


La interpretación de la historia cambia por cada persona, ya que cada quien tiene sus criterios o sus propias perspectivas. Sin embargo, estas, muchas veces no tienen sentido o no están respaldadas por fuentes.

 El relativismo es un concepto filosófico que nos dice que la verdad no es absoluta. Esto quiere decir que lo que es verdadero o correcto puede variar de acuerdo con las  distintas perspectivas y situaciones. En la Historia, el relativismo no desaparece del todo, sin embargo, su relevancia disminuye al momento de consultar evidencias sólidas y múltiples fuentes de confianza que establezcan hechos claros y conscientes.

El relativismo me lleva a pensar en que cada uno de nosotros y nosotras llevamos una forma exclusiva de interpretar la realidad. 
En el campo de la historia, el relativismo nos recuerda que no existe una única versión del pasado que sea indiscutiblemente correcta. Cada cultura, cada grupo, cada persona, porta consigo su propia historia, sus propias vivencias y remembranzas que dan forma a su versión de una misma serie de sucesos, aunque al tomar la muestra de sus historias este hecho nos debe parecer a nosotros como un fenómeno que, aunque no exige una narrativa consensuada, tampoco significa que todo valga o que no exista una realidad histórica objetiva.

 La realidad histórica depende de nuestras vivencias de la realidad, de nuestras creencias de la realidad y sobre todo, de nuestros contextos de la realidad. 
El relativismo también me hace pensar en la necesidad de la empatía, de la humildad. Reconocer que mi verdad no es la única verdad me hace abrir una forma más profunda, rica y conectada con los demás. Con ello, me hace saber escuchar, sin psicosis ni asunto, las verdades de los demás e incluso encontrar esbozos hilos de la verdad con los que yo cuento. 
Esta diversidad de verdades no solo enriquece mi comprensión del mundo; sino que además me ayuda a construir un mundo más justo y con otras formas de ser. 

Sin embargo, el relativismo nos presenta retos a la vez que las miradas defensoras plasman, ¿cómo podemos llegar a un consenso de lo que es justo o lo que es verdadero si todo es relativo? Ha entrado en la escena el pensamiento crítico. Debemos ser capaces de valorar las diversas vías, pero hacer el esfuerzo por buscar las evidencias y los consensos que nos vayan permitiendo avanzar. No se trata de renunciar a la verdad; sino de comprender que esta puede tener diferentes caras y diferentes matices.
Al final, el relativismo nos enseña también a ser más flexibles y más abiertos, a cuestionar nuestras certezas, a abrazar la complejidad de la vida. Nos invita a andar por ese camino de piedras preciosas con curiosidad y respeto, reconociendo que cada una de ellas aporta algo a nuestro conocimiento. 




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